Más de 25.000 raciones alimenticias se distribuyeron desde Bahía de Caráquez

El centro de acopio de Bahía de Caráquez es un sitio de operaciones que desconoce el descanso. Desde distintas partes del país y en diversos horarios arriban automotores cargados con alimentos, agua, vestimenta, artículos de aseo personal, entre otras ayudas para los afectados del terremoto del pasado 16 de abril.
Hasta antes de ese día, lo característico allí era ver a pasajeros presurosos en abordar o bajar de buses de transporte, lo normal para una terminal terrestre; pero después de aquel remezón de 7,8 grados en la escala de Richter, ahora lo habitual es ver a militares y civiles organizados en la descarga de cartones y fundas de vituallas.
Desde allí el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) del cantón Sucre, que opera en la cabecera cantonal Bahía de Caráquez y en el que participa el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP), despachó 25.184 raciones alimenticias, 19.822 galones de agua, 3.232 prendas de vestir, 1.497 kits para bebés y 3.102 kits de aseo personal, entre el 22 de abril y 5 de mayo últimos.
En ese tiempo se distribuyeron, además, 5.356 artículos distintos para la asistencia humanitaria de quienes habitan en los sectores San Isidro, Charapotó, Bahía de Caráquez y Leonidas Plaza. Hay 21 refugios o albergues temporales.
Uno de los refugios atendidos es el ubicado dentro del estadio Heráclides Marín. Sobre el césped, cien carpas albergan a 160 personas que perdieron su vivienda total o parcialmente. Estas forman parte de las 2.163 personas, pertenecientes a 527 familias damnificadas, según información del COE cantonal.
Max Luján Valarezo habita en una de estas carpas con su esposa y cuatro hijos de entre 2 y 8 años de edad. Esta familia perdió totalmente su casa, ubicada en el sector La Cruz, de Bahía de Caráquez.
“El día del terremoto, estábamos en una fiesta, pero como vivimos en una loma sentimos cómo la tierra se sacudía muy fuerte. Una vecina falleció. Ahora, estar en este refugio me da tranquilidad, porque todo quedó inestable por mi barrio. La comida de mis hijos está asegurada y nos tratan bien”, expresó.
Luján es albañil y pintor. Por el momento está desempleado, pero con la reconstrucción de la ciudad espera conseguir una plaza. Su caso ya fue expuesto a una brigada del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), que realizó una encuesta sobre habitabilidad de los damnificados antes y después del terremoto.
La información servirá para identificar la necesidad de construcción o reconstrucción de viviendas y tomar las respectivas decisiones públicas.
Bexsy Zambrano destacó la ayuda paulatina entregada por las instituciones gubernamentales y voluntariado civil. Ella fue nombrada líder por parte de los albergados en este refugio, por lo tanto, es quien interactúa con las diversas delegaciones que acuden para la respectiva asistencia.
Una nueva etapa en Bahía
La asistencia pública continúa hacia una reactivación productiva y mejoramiento de condiciones de vida de los damnificados. La actividad comercial se retoma de a poco y la población se muestra más optimista, para iniciar una nueva etapa.
Los damnificados tendrán un espacio más amplio de convivencia en un terreno municipal de 2,2 hectáreas, donde se construye un albergue campamento, atrás de la terminal terrestre donde hoy opera el centro de acopio de Bahía.
Dora Sánchez, quien permanece en el refugio del estadio Heráclides Marín con cinco de sus ocho hijos, consideró que la asistencia recibida hasta el momento permitirá levantar a toda la población afectada.
Con el terremoto Sánchez perdió su empleo, porque el comedor donde laboraba fue afectado y su propietario cerró el negocio de manera temporal. Pero desde esta semana, el comedor retomó sus actividades y Dora fue recontratada al menos por tres meses más.
“Perdí mi casa, pero tenemos vida. En este refugio mi familia está bien, del MIES vienen a ayudarnos a entretener a los niños y a asistirnos; del Ministerio de Salud nos traen brigadas médicas; y mientras nos recuperamos tengo que trabajar”, comentó.
A ella y otras cinco mujeres, les correspondía ayudar en la preparación de alimentos. Ágiles con sus manos desvenaban 40 libras de camarón que fueron donados al comedor comunitario, para el almuerzo. El menú: sopa de lentejas y arroz con macarrones y camarones en salsa de albahaca.
El comedor comunitario fue levantado por voluntarios que llegaron desde Zaruma, provincia de El Oro. “Un grupo de amigos zarumeños decidimos venir a ayudar; el proyecto inicial era cocinar para 50 personas, pero hemos sobrepasado las 150 personas”, explicó Mario Villarreal, coordinador de este grupo de voluntarios.
Con la retirada de los ciudadanos zarumeños, el Ministerio de Inclusión Económica y Social se encargará de coordinar la preparación de alimentos, con la colaboración de madres y padres que permanecen en el refugio.